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ɹoɯɐ

Juan llegó. Llegó loco, llegó llegó. Lo tenía, lo tenía. Se bañaba. Se bañaba solo. Solo.
El agua caía muda, lenta. Se escucha una gota. Un pájaro. Nada.
Se tocó la cara. Le venían cien tormentas y un relámpago. Comenzó a llover. Afuera. Llovía.
Cerró la llave y tomó la toalla. Se volvió loco, se drogó. Qué fue... nada.
Se fue secando. Se secó el agua y luego se secó la piel. Se consumía lento.

Paró la lluvia, el viento soplaba.


Pensaba en ella.



Se dobló. Se dobló de la cintura. Quedó totalmente doblado, no podía caminar y caminaba.
El espacio se transformó; las paredes se alejaron diez metros de él. Se volvió todo oscuro.
Entraron colores. Entró el verde como aurora boreal.
Perdió la boca y abrió los ojos.
El espacio era ahora normal, las paredes regresaron a su lugar.
Se encogió y se congeló. Aves volaron atrás de él. Cisnes, palomas, colibríes, pájaros, cuervos y halcones. Se paraban y repetían el vuelo. El graznido tan agudo, fue cada vez más penetrante, tan agudo se volvió hasta que imperó el águila. Las demás desaparecieron y sólo el águila voló de atrás y se posó en el cráneo.

Cerró los ojos...
los abrió y apareció desnudo en una montaña de nieve. Solo otra vez.
En la cima había una espada de plata, gigante, enterrada.
Caminó deforme hacia ella, las piernas parecían flexibles, una más larga que otra. Surreal.
Comenzó el calor y con él la nieve escapaba. Una aurora roja lo cruzó. Seguía camionando y su piel se hacía violeta y comenzaba a salir luz de él.


Pensó en ella otra vez.


Salieron manos de la tierra de la Tierra, de las manos que atrapan y luchó.
Salió una mano de brazo largo que alcanzó su cara y le obligó un cigarro prendido.
Fumó y una mano le cogió el pie. Tomó el cigarro y lo apagó en la cazadora. Se liberó.
Después de un esfuerzo consiguió sacar unas alas blancas con plumas poco sucias, como las del águila, se elevó y dejó las manos pequeñas.
Llegó a la cima y se volvió gigante. Colores le atravesaron el cuerpo, colores eléctricos.
Se arrodilló junto a la espada y con toda la fuerza la liberó de la montaña o liberó a la montaña de ella. En el momento exacto el cielo desapareció y se volvió oscuridad y estrellas aparecieron.



La montaña tembló y tembló tanto hasta desprenderse de la tierra de la Tierra y él seguía en la cima.
Recuperó sus labios y la cavidad donde están la lengua y dientes. Sonrió.
La espada comenzó a brillar y la enterró en su pecho.
No gritó, ni expresó. Mantuvo la sonrisa.
Se desintegró en partículas de idiomas distintos y la espada también.
Se volvieron polvo estelar...

Voló, voló millones de años y llegó. Se volvió agua.
Llegó loco, llegó llegó. Se dejó caer en una gota.
Afuera llueve. Escuchó un relámpago y cayó. Cayó junto a un pie desnudo de alguien que se bañaba.
Escuchaba fuera de foco y veía su propia voz.


˙ɐןןǝ uǝ ósuǝd ʎ

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