Roto y descocido. Deslavado y holgado. Verde y café. Ancho y sobrado. Sobrado de amor y oscuro.
Una tenue luz que ilumina sólo las mangas de las actrices horas después del gran estelar.
Del estilo sencillo.
Así como cuando se escuchan las gotas de lluvia en el techo. Una lluvia que está cesando.
El silencio abruma, sin que nadie vea.
Hasta que de la nada se prende la luz más cegante del teatro.
-¿Qué teatro?
-Es un almacén donde viven algunos vagabundos... algunos días.
-¡Ahí hay uno!
-Eso no es un vagabundo, es una tela tirada, solo la luz no te deja ver bien. Lo que parecen sus barbas, es un gato que se acomoda para dormir.
-¿Y a que hora llegan?
-¿Quienes?
-Los espectadores.
-Por eso son espectadores, por que esperan el momento en que se les invite, nadie les ha dicho nada.
-¿Y cómo sabrán entonces de la obra?
-Esta obra es diferente. Aquí no habrán espectadores.
-¿Entones para qué la vamos a montar?
-Nosotros no la vamos a montar.
-¿Quién entonces?
-Yo.
-Y Yo.
-¿También?
5,4,3...
Una pirámide está al revés, el cielo es tan oscuro que no hay luna, solo estrellas lejanas. No hay nada. La pirámide flota en la nada, tan grande como Keops pero demasiado pequeña para el universo. Estás parado en ella, puedes caminar y dar pasos tan grandes que la puedes recorrer en unos cuantos.
-¡Apúrate que se cierra el telón!
-No importa. Nadie ve.
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