*Como programado y recomendado para darle play y comenzar a leer abajo... :)
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ENSAYITO DEL BOSTEZO
Éste es justo el momento que tengo que aprovechar para contarlo.
Por fin cerró los ojos y abrió la boca grande como hipopótamo.
Por fin descansó un tiempo después de tanto trabajar y de ir de aquí para allá y de allá para acá; o como dice María, “del tingo al tango”.
Y me dejó de ver.
Yo lo veía que estudiaba, se caía, lloraba, se reía y de todo. Yo lo vi mucho tiempo. Y no me dejaba hacer nada. Hasta me tenía amarrado a una silla; pero eran lacitos como de papel, bien que los podía romper. Aparte hacía como que ni me veía y yo bien que lo veía. Le sacaba la lengua y ni se enojaba.
Aún con todo, sus muelas segurito que olían bien feo.
Adentro se veía muy oscuro. Se escuchaban cantos de un chorro de personas. Y salían fotos y si no te agachabas te podían pegar en la cabeza. Pero no dolía porque es papel.
Se tardó como ocho minutos completos y mejor aproveché y me paré corriendo, ni se iba a dar cuenta de su cuerdita. Luego la hacía otra vez.
Con cuidado me paré enfrente ¡y de puntitas alcancé a ver más cosas adentro! ¡Habían cosas bien padres! ¡Pero eran mías! ¡Eran mis juguetes y mi tambor!
Y sí olían feo.
Antes salía agüita de sus ojos. Antes gritaba y se reía. Yo ya estaba cansado. Hasta me daba sed. Llevábamos mucho tiempo ahí sentados.
Estaba a punto de hacer unas maletas pero si me veía que me quería ir, se ponía bien rojo y me veía.
Apenitas me senté cuando abrió los ojos otra vez. Ji ji ji…..
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*Los Niños Cantores del Centro Histórico de la Ciudad de México, son niños y niñas de entre siete y dieciséis años que habitan el Centro Histórico y a través del arte de la música coral, se promueve su integración social.
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http://fmx-festivaldemexico.blogspot.com/2010/03/ninos-cantores-del-centro-historico.html
Es un proyecto que ya tiene más de 10 años.
Les recomiendo aprovechar estos días de Marzo que se han programado para irlos a ver y escuchar.
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*Es un deleite escuchar a tu Yo-niño.
Y también es un deleite escuchar niños ajenos.
CIGARROS, CAFÉ Y FLORES.
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Comments: (1)
Primer cigarro.
Cada abrazo hace que los ojos se nublen más y la garganta se retuerza hasta quedar muda.
Las palabras no son más que tonterías; no lograron nunca hacerme sentir mejor. Se trataba de
ver quien consolaba más, aunque otros pensaban que se trataba de apostar al que se quedaría
más tiempo y algunos sólo lo tomaron como una reunión social. Me molestó el hecho de que
había quienes si quiera sabían a bien, de qué o de quién se trataba. Unos que fueron sólo para
quedar bien con el suegro. Me paré, lloroso y arrastrando los pies. De nadie quería saber más.
Segundo café.
La más jodida, sin duda, era la viuda. No se levantaba del largo sillón que resguardaba la caja
como soldado; bien firme y de frente. Y aunque seguía reunida con sus hijos, el dolor
permanecería ahí el tiempo que él ya no estuviera… cada despertar. Ahora sólo de ella
dependería su vida, y lo que antes había planeado en una hermosa vejez junto a su fiel
esposo, serían años de soledad.
Tercer cigarro.
En vez de inconsolable llanto, soltaba carcajadas al aire. Ahora nada parecía tener sentido;
prefiero burlarme de la vida que pelear con ella.
Como si los acompañantes a mi pena no hubieran tenido una antes, sueltan la pregunta:
“¿Cómo estás?”, o peor “A todos nos toca”, “Fue un buen hombre”. Para la situación, lo mejor
que puede hacer la boca es besar.
Décimo cigarro.
Mi cabello era un desastre, y las bolsas que guardan lágrimas, peor. Pero eso sí: zapatos bien
lustrados y traje impecable, si no, la abuela hubiera estallado en rabia. A este tipo de penas, lo
peor es vestir de negro, o tal vez sea lo mejor; es cosa de pareceres.
Café 23
Si por mi fuera, me hubiera metido en la caja con él, para abrazarlo otra vez, aunque sabía que
nunca sería suficiente. Siempre querría otro así como él lo hubiera querido también. Era mejor
que se quedara ahí; encerrado y sin respirar… me hubiera gustado que él me consolara en su
propio funeral, aunque suene tonto.
…. cigarros.
Los dedos de su hermana no paraban de acariciar la caja. Tal vez la estúpida pensaba que si
trataba con cariño a la madera, ésta le devolvería a mi padre.
Demasiadas personas, lágrimas, abrazos, amistades reencontradas, familias reunidas, llantos,
risas, pésames, muchos cigarros, café y flores.
Agotador. Mañana otra cosa será.
Cada abrazo hace que los ojos se nublen más y la garganta se retuerza hasta quedar muda.
Las palabras no son más que tonterías; no lograron nunca hacerme sentir mejor. Se trataba de
ver quien consolaba más, aunque otros pensaban que se trataba de apostar al que se quedaría
más tiempo y algunos sólo lo tomaron como una reunión social. Me molestó el hecho de que
había quienes si quiera sabían a bien, de qué o de quién se trataba. Unos que fueron sólo para
quedar bien con el suegro. Me paré, lloroso y arrastrando los pies. De nadie quería saber más.
Segundo café.
La más jodida, sin duda, era la viuda. No se levantaba del largo sillón que resguardaba la caja
como soldado; bien firme y de frente. Y aunque seguía reunida con sus hijos, el dolor
permanecería ahí el tiempo que él ya no estuviera… cada despertar. Ahora sólo de ella
dependería su vida, y lo que antes había planeado en una hermosa vejez junto a su fiel
esposo, serían años de soledad.
Tercer cigarro.
En vez de inconsolable llanto, soltaba carcajadas al aire. Ahora nada parecía tener sentido;
prefiero burlarme de la vida que pelear con ella.
Como si los acompañantes a mi pena no hubieran tenido una antes, sueltan la pregunta:
“¿Cómo estás?”, o peor “A todos nos toca”, “Fue un buen hombre”. Para la situación, lo mejor
que puede hacer la boca es besar.
Décimo cigarro.
Mi cabello era un desastre, y las bolsas que guardan lágrimas, peor. Pero eso sí: zapatos bien
lustrados y traje impecable, si no, la abuela hubiera estallado en rabia. A este tipo de penas, lo
peor es vestir de negro, o tal vez sea lo mejor; es cosa de pareceres.
Café 23
Si por mi fuera, me hubiera metido en la caja con él, para abrazarlo otra vez, aunque sabía que
nunca sería suficiente. Siempre querría otro así como él lo hubiera querido también. Era mejor
que se quedara ahí; encerrado y sin respirar… me hubiera gustado que él me consolara en su
propio funeral, aunque suene tonto.
…. cigarros.
Los dedos de su hermana no paraban de acariciar la caja. Tal vez la estúpida pensaba que si
trataba con cariño a la madera, ésta le devolvería a mi padre.
Demasiadas personas, lágrimas, abrazos, amistades reencontradas, familias reunidas, llantos,
risas, pésames, muchos cigarros, café y flores.
Agotador. Mañana otra cosa será.