Liso piso de roble, partido en cuadros; blancos y negros como ajedrez. Perfecto.
Tres paredes. Tan cercanas que se puede ver el detalle del retrato empotrado al fondo; mujer casi diva; calva, pálida, primer plano y sufre. Antes, una silla coja que huele a madera, vieja y pálida también. Superflua lámpara estilo gótico separada de la silla sólo por un rojo sillón como salido de "El Fausto". Debajo de ella, un buró; intercambio de tres gallinas en Yerevan.
Todo lo carga el tapete Persa mal doblado… menos la silla; pobre.
La Luna llena dijo que no había techo.
Una contienda interminable de hojas secas juraron recordarme el viento.
Pies desnudos, tierra y un frío exagerado.